03.08.2017
Entrevista a Robert Onus, Coordinador de Médicos Sin Fronteras en Raqqa. 
 

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta la población que huye de Raqqa?

 
Dado que la ciudad de Raqqa está sitiada, tenemos muy poca información sobre lo que está sucediendo dentro. Sabemos que hay personas heridas, que hay pacientes que necesitan atención médica, pero debido a la intensidad del conflicto no podemos acceder a ellos y no hay corredores seguros para que estas personas salgan de la ciudad.
 
Los pacientes con heridas de guerra que tratamos nos dicen que todavía hay un gran número de enfermos y personas con lesiones atrapados dentro de Raqqa, con acceso muy limitado a la atención médica y con muy pocas posibilidades de salir de la ciudad. Estamos extremadamente preocupados por el bienestar de aquellos que se han quedado atrás y carecen de asistencia sanitaria.
 
Por otro lado, muchos habitantes de los alrededores de Raqqa están regresando a sus aldeas, pero todavía tienen que hacer frente al efecto residual del conflicto. Las poblaciones están llenas de artefactos explosivos improvisados, trampas explosivas y munición sin detonar. Estamos recibiendo muchos pacientes en nuestras ambulancias y hospitales con lesiones causadas por explosiones y heridas de bala. La gran mayoría de estos pacientes son civiles que han sufrido heridas, bien en medio del conflicto, bien producto de las secuelas de este cuando vuelven a casa.
 

¿Hay una vía despejada para que los heridos salgan de Raqq?

 
La ciudad de Raqqa es una zona de guerra, hay una línea de frente muy definida y es extremadamente complicado  para los civiles cruzarla. Algunos consiguen traspasarla de noche o quizás recurriendo a traficantes, pero lo cierto es que no existe una forma organizada o coordinada para realizar evacuaciones médicas. Desafortunadamente, las personas a las que podemos acceder son aquellas que pueden llegar hasta nosotros.
 
Por ejemplo, en el hospital de Tal Abyad recibimos a un paciente con metralla en el pecho y que había perdido a siete miembros de su familia. Llegó con su hija y con su madre herida tras haber permanecido atrapada 15 horas bajo los escombros de un edificio que se derrumbó por un ataque aéreo antes de que pudiera recibir atención médica básica.
 
 
 
El paciente nos explicó que, a pesar de sus heridas, tuvieron que recurrir a traficantes para escapar de la ciudad con un grupo de 40 personas más. Pasaron una noche durmiendo entre los matorrales, tenían que seguir a los perros para evitar las minas y sufrieron la constante amenaza de ser disparados por francotiradores de ambos lados. Después de que consiguieran huir, fueron trasladados de un campo a otro y lograron llegar al hospital de Tal Abyad 10 días después de haber resultado heridos.
 

¿Qué tipo de heridas están viendo los equipos de MSF entre los pacientes que está recibiendo?

 
Vemos fundamentalmente dos tipos de casos entre quienes salen de Raqqa. Por un lado, estamos atendiendo traumatismos graves en personas heridas en los combates que tienen lugar en la ciudad, son casos que requieren atención médica inmediata. El segundo caso más habitual lo constituyen personas atrapadas tras la línea de frente. Dentro de la ciudad solo pueden recibir una atención médica rudimentaria y, solo después de días o semanas, consiguen encontrar una manera de cruzar el frente y llegar a nuestros hospitales para recibir atención  secundaria.
 

¿Cuáles son los retos que enfrenta MSF para trabajar en Raqqa?

 
El mayor desafío está relacionado con el acceso. Sabemos que todavía hay un gran número de civiles dentro de la ciudad. La ONU lo sitúa entre 30,000 y las 50,000 personas. Pero no podemos acceder a ellas y es altamente probable que no puedan recibir atención médica dentro de la ciudad. Aquellos que consiguen cruzar la línea de frente y llegan a nuestras ambulancias todavía se enfrentan a un trayecto de horas e incluso días para llegar a un hospital. Se trata de un tiempo increíblemente prolongado para alguien que ha resultado herido o que requiere atención médica urgente.
 

¿En qué lugares de la gobernación de Raqqa trabaja MSF?

 
Médicos Sin Fronteras trabaja en el hospital de Tal Abyad donde apoya la atención en trauma, los servicios de cirugía y el funcionamiento general del hospital en colaboración con las autoridades locales de salud. Tenemos ocho ambulancias en los alrededores de la ciudad de Raqqa para trasladar a cualquier persona que esté herida o que necesite atención médica de urgencia a los centros de atención secundaria que MSF apoya en Kobane, Menbij y Tal Abyad. También contamos con un punto médico avanzado en Hazima, al norte de la ciudad de Raqqa, para aquellos pacientes de esta zona rural que necesiten atención médica de urgencia. Así mismo, tenemos cinco equipos de vacunación trabajando a lo largo y ancho de la gobernación. En el campo de desplazados de Ain Issa que acoge a población procedente de la ciudad de Raqqa también apoyamos una clínica de atención primaria y disponemos de un equipo de vacunación.
 

¿Por qué trabaja MSF en Raqqa?

 
Tras seis años de guerra, la magnitud de las necesidades médicas no cubiertas no deja de aumentar. Al mismo tiempo, solo hay unas pocas organizaciones que trabajan en la región para proporcionar ayuda humanitaria y atención médica. Cuando estas dos piezas del rompecabezas se juntan, el resultado es un gran déficit de la disponibilidad de atención médica para una población increíblemente vulnerable. Atención médica de urgencia, cirugía, atención primaria de salud y vacunación: todos estos servicios son inexistentes para la gente en Raqqa y en MSF sentimos que es imperativo dar respuesta a estas carencias.
 

¿Por qué MSF no puede trabajar más próximo a la línea de frente?

 
Por el momento tenemos nuestras ambulancias y nuestros equipos tan cerca como la seguridad lo permite de las líneas de frente. Desafortunadamente, en el conflicto sirio las reglas de guerra y del derecho internacional humanitario no siempre han sido respetadas. No podemos ignorar este hecho. Sin ese estatus de protección, los profesionales sanitarios son extremadamente vulnerables a los ataques y hace extremadamente complicado intervenir en áreas cercanas al conflicto activo.  
 
El peligro para los trabajadores humanitarios no se da solo cerca de las líneas de frente. Nuestros equipos trabajan en zonas que son accesibles solo en fechas recientes y que han sido retomadas al Estado Islámico. Estamos encontrando un gran número de artefactos explosivos improvisados en estas localidades. Estos dispositivos están impidiendo que la gente recupere su vida normal. Así, en Hazima, al norte de la ciudad de Raqqa, nuestros equipos reanudaron la semana pasada los servicios de vacunación, pero nos vimos obligados a suspenderlos tras constatar que el edificio, una escuela local, estaba sembrado de minas y trampas explosivas.
 

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