11.08.2017
Cientos de personas en un campo de refugiados en el noreste de Nigeria han sido infectadas con Hepatitis E después de que la enfermedad se propagara desde Níger, el país vecino. La enfermedad, que es extremadamente contagiosa, se ha propagado rápidamente por el campo de Ngala debido a la combinación de las precarias condiciones de vida y las inundaciones. Nicoletta Bellio, coordinadora médica de MSF, nos describe la situación en el campo que alberga a unas 45,000 personas que han huido de la violencia derivada del conflicto entre el ejército y Boko Haram.  
 
“La situación en Ngala es bastante preocupante. El comienzo de la temporada de lluvias ha provocado constantes inundaciones en el campo y encharcamientos en los caminos, las letrinas y los refugios de las personas. Cuando llueve todo el campo se cubre de lodo y agua sucia. Esta combinación es una receta para la propagación de bacterias y enfermedades, especialmente porque la gente no siempre utiliza las letrinas que han sido instaladas en el campo y el agua de los desechos termina por todas partes. 
 
Ha habido más de 400 casos de hepatitis E en los últimos dos meses y hemos atendido a 170 pacientes en nuestro hospital, así que no es ninguna sorpresa que se haya declarado un brote de hepatitis E.
 
Normalmente las personas se recuperan de la hepatitis E si reciben tratamiento, pero la enfermedad puede ser muy peligrosa para las mujeres embarazadas y sus bebés. La hepatitis provoca tasas elevadas de abortos espontáneos, muertes fetales y partos prematuros. También puede causar hemorragias severas en las madres, tanto durante como después del parto. 
 
En los últimos dos meses cuatro mujeres embarazadas han muerto de complicaciones relacionadas con la hepatitis E en el campo de Ngala. Algo tan simple como el jabón y el agua podrían haber prevenido estas muertes. 
 
Nuestros equipos de promoción de la salud están trabajando con la comunidad para limpiar el campo y dejarlo libre de agua sucia y desechos. También distribuimos jabones y cloramos el suministro de agua; aunque el cloro es menos efectivo contra la hepatitis E que contra el cólera. Otras organizaciones humanitarias también están trabajando para mejorar el suministro de agua. 
 
 
Las lluvias continuarán durante varios meses y tememos que esto pueda causar más casos de hepatitis E o, aún peor, que se desarrolle un brote de cólera. Si esto sucede, la situación de seguridad en el área y el hecho de que el campo se encuentra en un lugar remoto, podrían dificultar nuestra respuesta. Sería un desastre.”
 
MSF trabaja en el campo de Ngala desde octubre de 2016 y actualmente gestiona un hospital que proporciona tratamiento a nivel hospitalario y ambulatorio, tratamiento para la desnutrición y servicios de maternidad. 
 

Testimonio de Mallan Ibrahim Kana, de 43 años. Es oriunda de un pueblo a 15 kilómetros de Ngala. Huyó dos veces antes de poder llegar al campo de Ngala. 

 
“Llegué ayer, junto a mi familia, después de caminar durante cuatro días. Primero huimos de nuestro pueblo debido a Boko Haram. Durante los últimos tres años ha habido muchos problemas. Boko Haram estaba en las afueras de nuestro pueblo y llegaron a llevarse nuestra comida y nuestras pertenencias. Se llevaron lo que cultivamos y pescamos. Nos dijeron que no podíamos salir en la noche. Muchos hombres fueron asesinados en el pueblo. Pensamos que el ejército vendría y traería paz, pero eso no pasó. Algunas veces escuchábamos a los aviones cuando dejaban caer bombas a las afueras del pueblo. Sé de personas que terminaron heridas por estas bombas. También había enfrentamientos y no podíamos huir porque temíamos terminar en medio de todo. 
 
La vida ahí era muy difícil, muchas personas enfermas murieron. No hay ningún hospital en el pueblo y no podíamos ir a ningún otro lugar. La mayoría de los habitantes del pueblo huyeron. Muchos de ellos están aquí. Salimos con las manos vacías, no tenemos nada.”
 

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