30.05.2017
Desde que las vacunas salen de Europa hasta que las utilizamos en el terreno, hay un largo camino en el que participan decenas de personas. Daniela Muñoz, nuestra coordinadora de logística, explica cómo supervisamos en todo momento el material contra la meningitis para llegar a la población nigeriana.

 
"Para organizar campañas de vacunación masiva como la de meningitis que estos días Médicos Sin Fronteras (MSF) está llevando a cabo en el estado nororiental nigeriano de Yobe hay que tener en cuenta hasta el más mínimo detalle para que el proceso no se vaya al traste. Vacunar con éxito a 136,000 personas en una semana, en zonas remotas y con temperaturas superiores a 40 grados, requiere pensar con tiempo incluso en los bolígrafos que uno va a necesitar.

 

La cadena de frío 

 
Lo más delicado y esencial es mantener la cadena de frío: es decir, conservar las vacunas en una temperatura constante de entre 2 y 8 grados. De lo contrario la vacunación pierde todo su efecto. 
 
Desde que las vacunas salen de Europa hasta que los vacunadores las utilizan en el terreno hay un largo camino en el que participan decenas de personas y en el que no podemos perder la supervisión del material ni un solo momento. Una vez las vacunas han partido en avión hacia la capital de Nigeria, Abuja, responsables de MSF organizan una recepción especial en aduanas para evitar que queden retenidas. Desde ahí son transportadas en camiones frigoríficos hasta un cuarto frío del Ministerio de Sanidad en el estado de Yobe, donde se decide el reparto a las bases del estado donde los equipos coordinan el envío de equipos a los distritos afectados por el brote. 
 
Cuando las vacunas alcanzan las bases operativas son introducidas en neveras eléctricas que los equipos han tenido funcionando desde al menos dos o tres días antes y tienen una temperatura estable. Para este último viaje a las zonas donde tiene lugar la vacunación utilizamos neveras portátiles cargadas con los acumuladores de frío necesarios para que soporten un trayecto de varias horas por carretera. A menudo la electricidad es un servicio que no está disponible o escasea en los lugares donde lanzamos estas intervenciones, lo cual implica tener siempre generadores, una instalación eléctrica y el espacio suficiente para disponer de todo el material. Hace falta también tener combustible para que los aparatos puedan funcionar  las 24 horas del día, lo cual no es sencillo en contextos no urbanos, afectados por crisis o conflictos.
 
 

El transporte 

 
Elegir el transporte adecuado tampoco es fácil. Por ejemplo, el tráfico en avión hacia el norte de Nigeria es limitado porque al aeropuerto más cercano, en la población de Maiduguri, MSF solo puede utilizar los vuelos operados por Naciones Unidas o Cruz Roja. Son aviones pequeños que permiten poca carga. Ello nos obliga a mover los cargos por las carreteras principales hasta las bases en Yobe, que están en buen estado y no presentan problemas de seguridad. No sucede lo mismo en los puntos de vacunación. Algunos lugares están a más de dos horas en coche de nuestras bases y no existe otra opción que no sea el coche. No podemos arriesgarnos a ir caminando debido a la posible presencia en la zona de miembros de Boko Haram. Nuestros  logistas tienen que controlar los movimientos de los coches en cada momento así como las telecomunicaciones por radio, teléfonos móviles y satelitales. 
 
Más allá de todos los aspectos logísticos de manejar la cadena de frío, buscar coches y material, casas, colchones y hasta mosquiteras, los esfuerzos de MSF serían en vano si no se desarrollara lo que se conoce como el microplan, un mapeo detallado de todas las áreas donde se vacuna. Hay que conocer a cuántos kilómetros exactos están los destinos de las bases, las condiciones de las rutas, qué sucede si llueve o hace sol, cuánta población vive en cada lugar y qué tipo de población es.
 

 

Sensibilizar

 
Esto es fundamental, pues por ejemplo en Nigeria hay muchos fulanis, tribus nómadas dedicadas al pastoreo, por lo que hay que sensibilizar con tiempo a las comunidades para que el día que comienza la vacunación la población beneficiaria sea accesible. En este caso de la meningitis, la percepción de la población es bastante buena porque están un poco asustados y le tienen bastante respeto a la enfermedad, pero no siempre es así. Algunas vacunas que requieren una inyección que produce dolor disuaden a la gente y cuesta mucho convencer para que asistan a las siguientes rotaciones. 
 
Por mucho que estén controlados todos los detalles técnicos y que los equipos de vacunadores estén entrenados siempre pueden surgir imprevistos. Una carretera cortada durante horas. Un aviso de atentado que obliga a suspender concentraciones de gente para la vacunación. En alguna ocasión ha sucedido que por querer ir rápido algún equipo se ha llevado las neveras sin las vacunas y a los dos o tres minutos de llegar al destino se da cuenta de que se quedaron en la base. Son errores que pueden suceder en una movilización masiva en la que participan más de medio centenar de vehículos y equipos. Una intervención en la que hay que controlar hasta el último bolígrafo."
 

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