03.08.2017
Un hospital de maternidad de MSF en Jordania ha sido testigo del nacimiento de 10,000 bebés –la mayoría de ellos sirios– en sólo cuatro años. Estos bebés son parte de una generación de niños sirios que nunca han visto su país y podrían enfrentarse a grandes desafíos en cuanto a su identidad y su capacidad de integración en un futuro. 
 
En el centro materno infantil en la gobernación de Irbid, Jordania, Ayesha mira tiernamente a sus gemelos recién nacidos: un niño y una niña. Durante años, en su nativa Siria, ella y su esposo anhelaron tener un bebé pero los doctores les dijeron que Ayesha no tenía esperanza alguna de concebir.
 
Cuando estalló la guerra, la pareja abandonó el país y se dirigió hacia Amman, la capital de Jordania. Anhelaban desesperadamente un hijo. “Usamos todos nuestros ahorros para ir con médicos y saber cuáles eran nuestras opciones,” dice Ayesha. “Pero todos nos dijeron lo mismo.”
 
Pasaron cuatro años para que un doctor sugiriera la fertilización artificial. “Llegamos a Irbid para intentar la fertilización artificial y funcionó, terminé embarazada,” dice Ayesha. “Pero nos estábamos quedando sin dinero y para nosotros es muy difícil encontrar trabajo en Jordania. ¿Cómo podría terminar mi embarazo de forma segura?”
 
 
En ese entonces, su marido y ella se enteraron de la existencia de un hospital de maternidad gestionado por MSF en la ciudad de Irbid, a 15 kilómetros de la frontera con Siria. 
 
Desde que abrió hace cuatro años, en el hospital han nacido más de 10,000 bebés, la mayoría de ellos sirios. La gobernación de Irbid es hogar de 140,000 sirios que en su mayoría huyeron del país cuando comenzó la guerra civil, como Ayesha y su esposo. 
 
Jordania alberga a 660,550 refugiados registrados, pero de acuerdo con las autoridades, más de un millón de refugiados viven dentro del país. Aproximadamente 80,000 refugiados viven en Zaatari y 53,700 en Azrak –los campos más grandes de Jordania– mientras que los demás luchan por establecerse en comunidades urbanas o se han mudado a áreas rurales. 
 

Nacer como refugiado

 
Con sus instalaciones gratuitas, MSF se ha convertido en el principal proveedor de atención médica reproductiva en el norte de Jordania. 
 
“Esto nos ha colocado en una posición única para ser testigos de la esperanza que trae una nueva vida, pero también sabemos que es posible que estos bebés nunca conozcan su país de origen,” dice Erwan Grillon, coordinador de país de MSF en Jordania. 
 
Los gemelos de Ayesha y los miles de bebés sirios que han nacido en Jordania bien podrían enfrentarse a una difícil búsqueda de identidad en un país donde, de acuerdo con las autoridades, los refugiados sirios representan una gran carga. La tensión en la economía local, el desempleo, el sistema de salud sobrepasado y la amenaza de ataques terroristas se encuentran dentro de los problemas planteados por los jordanos que están preocupados por la situación. 
 
“Cuando vienen al hospital los pacientes nos hablan de los problemas que tienen para integrarse a la sociedad jordana,” dice Grillon. “Son forasteros, social y culturalmente, y se le llama 'intrusos de la economía'. Son pobres y están luchando por seguir adelante, pero además tienen que cargar el peso del mercado laboral jordano.”
 
Hasta la fecha, el gobierno de Jordania ha expedido más de 50,000 permisos de trabajo para refugiados sirios, y las terribles condiciones de vida en Siria probablemente obligarán a más personas a cruzar la frontera. 
 

Atención médica costosa

 
Nuestras instalaciones reciben a decenas de pacientes todos los días que llegan buscando atención antenatal, postnatal o que van a dar a luz. Muchas personas también buscan atención en salud mental. Estas familias no pueden pagar una atención médica en clínicas privadas, en donde cada visita cuesta entre 25 y 40 dínares jordanos. La mayoría no tiene un trabajo, están endeudados o dependen de la limitada ayuda humanitaria. 
 
Basma*, una mujer Siria de 20 años, se embarazó en el campo de Zaatari. Como estaban reacios a quedarse allí, su esposo y ella se mudaron a las afueras de Irbid. Luchaban por encontrar un trabajo, pero acceder a una atención médica fue incluso más difícil. 
 
Otra refugiada siria le dijo a Basma del hospital de maternidad de MSF y ella dio a luz allí unos meses después. “Me siento afortunada, ya que a pesar de todas las dificultades el bebé nació bien y ahora somos una familia que está bajo el cuidado imparcial de un grupo de médicos y enfermeras,” comenta. 
 

¿Qué futuro? 

 
Maysoon Mohammad Khalaf Al-Hijazat, jefa de enfermería de MSF y partera en Irbid, ha sido testigo de muchas situaciones difíciles. 
 
“Hay una paciente que nunca podré olvidar. Estaba embarazada cuando llegó con nosotros y había pisado unas minas en Siria, perdió ambas piernas. Fue una agonía verla en ese estado, pero mantuvimos nuestra compostura como si fuera cualquier otra paciente que venía sólo por una consulta prenatal. Su condición hacía difícil su parto, su bebé no logró sobrevivir,” relata
 
No todas las historias de los pacientes en este hospital de maternidad son tan trágicas, pero son un reflejo de la difícil realidad a la que se enfrentan los refugiados sirios en Jordania; las dificultades que implica el construirse una identidad al estar lejos de casa y las preguntas que se hacen todos los días. ¿Se quedarán en Jordania? ¿Podrán regresar a Siria? Si logran regresar, ¿con qué situación se encontrarán? ¿Cuál será el futuro de sus hijos? ¿Serán refugiados toda la vida?
 
A pesar de su felicidad por convertirse en madre, Ayesha también está preocupada por el futuro de sus gemelos. “Nacieron en medio de la incertidumbre. Lo único seguro para ellos es un difícil y largo camino,” comenta. “Probablemente no irán a Siria en años, tal vez nunca. Y tal vez se unirán a los demás niños sirios que van a la escuela en un horario diferente al de los niños jordanos para evitar conflictos.”
 
 
 
*El nombre fue cambiado. 

 

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